miércoles, 30 de septiembre de 2009

YO SOY LA COPA, Y TE HABLO A TI

Yo siembro las penas, las amarguras, el dolor y la
desesperación por todas partes, arrastrando a los
insondables abismos que da la desgracia al hom-
bre, a la familia y la sociedad. El bebedor que me
sostiene con su mano trémula no puede esperar
de mi sino un hogar desdichado, una salud que-
brantada y un sepulcro prematuro. Yo degrado
al hombre racional; lo privo de su salud, entor-
pezco sus facultades y apago en su corazón
los más sagrados afectos hasta convertirlo
en bruto. Los numerosísimos jóvenes que
me beben, pierden por completo su deli-
cadeza y se hacen despreciables a los
ojos de la sociedad. Yo quebranto el
corazón de la esposa, los lleno de
acibar vertiendo en él, los sufri-
mientos más horribles y pongo
sobre la frente de los inocentes
hijos, la marca infamante de
la vergüenza, yo me en-
cargo de llenar a más
no poder, los manico-
mios, sanatorios,
asilos, lazare-
tos y las car
celes. Soy
hija legítima
del infierno:
mi amor es el
diablo y soy
su instrumento
vil de la muerte
y perdición. Pro-
duzco todas las
enfermedades y no
curo ninguna. Soy la
peste, la desolación y la
muerte eterna. ¡Apartaos de
mi, como os apartaríais de vuestro más formida-
ble e implacable enemigo! ¡No me bebáis. Apartaos!

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