sostiene con su mano trémula no puede esperar
de mi sino un hogar desdichado, una salud que-
brantada y un sepulcro prematuro. Yo degrado
al hombre racional; lo privo de su salud, entor-
los más sagrados afectos hasta convertirlo
en bruto. Los numerosísimos jóvenes que
me beben, pierden por completo su deli-
cargo de llenar a más
mios, sanatorios,
asilos, lazare-
tos y las car
celes. Soy
hija legítima
del infierno:
mi amor es el
diablo y soy
su instrumento
vil de la muerte
y perdición. Pro-
duzco todas las
enfermedades y no
curo ninguna. Soy la
peste, la desolación y la
muerte eterna. ¡Apartaos de
mi, como os apartaríais de vuestro más formida-
ble e implacable enemigo! ¡No me bebáis. Apartaos!
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